En este Día de las Infancias, reivindicamos el juego, el aburrimiento y la curiosidad compartida entre chicas, chicos y también grandes para explorar, sin miedos ni recetas, el nuevo mundo tecnológico.

Por Florentina Guaita, Lucía Miranda y Milena Matschke

Crecer requiere tiempo, sobre todo tiempo para jugar y para aburrirse. En una época dominada por la aceleración constante y la velocidad, en la que cada aspecto de la vida parece empujarnos hacia la productividad (a competir, y perder siempre, en esa carrera contra las máquinas), defender el derecho a no producir, a equivocarse y a esperar parece ir a contramano del ritmo en el que vivimos. Sin embargo, el juego y el aburrimiento son imprescindibles en el desarrollo de niños y niñas. Como recordaba Piaget, “el juego es el trabajo de la infancia”. Recuperar hoy esos espacios de exploración libre es, en definitiva, defender el derecho fundamental de las infancias a crecer a su propio ritmo y a su propio tiempo.

Crear en lugar de consumir

Con esta convicción nace Mini LAIA, el espacio de experimentación creativa y alfabetización crítica en tecnologías del laboratorio. Frente al avance de tecnologías complejas que transforman velozmente nuestras formas de aprender y vincularnos, buscamos pensar junto a chicos y chicas qué tecnología incorporar y para qué.

No queremos que las infancias sean espectadoras pasivas de las interfaces del mercado. Por eso, proponemos mediaciones híbridas donde el arte, la música, la corporalidad y la literatura dialoguen con las herramientas digitales. Nuestra meta es que niños y niñas se posicionen como creadores conscientes, capaces de interrogar y transformar su presente.

Perplejidad compartida y el juego como brújula

Frente a tecnologías tan disruptivas y veloces como la inteligencia artificial generativa, la figura de la persona adulta experta que “todo lo sabe y todo lo controla” se desvanece por completo. Estamos ante un territorio tan nuevo que no existen recetas definitivas ni expertos en quienes confiar. Por eso, para LAIA, jugar no es solo una necesidad de las infancias, es también nuestra propuesta para el aprendizaje adulto.

Cuando nos animamos a reconocer que no sabemos y a jugar con la tecnología, perdemos el miedo. Jugar nos permite experimentar el error como parte del aprendizaje y habitar la perplejidad de este presente de manera colectiva. 

Sumar vocecitas al debate colectivo y que se escuchen

“Queremos estar, queremos que estés” es la forma que encontramos en LAIA de sintetizar la necesidad de incorporar miradas que no están presentes en el diseño de las herramientas tecnológicas. Desde Mini LAIA nos planteamos el desafío de sumar las reflexiones de chicos y chicas al debate.

No tenemos “respuestas adultas” para dar, buscamos abrir espacios donde el arte, la música y la literatura analógica dialoguen con las nuevas tecnologías para habilitar que chicos y chicas se posicionen como creadores conscientes, capaces de decidir sobre su presente y su futuro.

En este Día de las Infancias, queremos pensar la tecnología desde una perspectiva de derechos integrales, donde conviven el acceso y la desconexión, el aprendizaje y el juego, la creación y la libertad de no producir, así como la participación en el mundo digital resguardando siempre los derechos fundamentales de la niñez. Acompañar a las infancias implica brindarles herramientas para que puedan imaginar, cuestionar y transformar el futuro en comunidad, invitándolas a construir soberanía y no a adaptarse a un mundo diseñado por empresas.